15 agosto 2006

¿NO HABRÁ SIDO EL JUSTICIALISMO UN ERROR?

La concepción justicialista es a la vez grandiosa y sencilla. De hecho, puede ser considerada como una de las más ambiciosas creaciones del espíritu. Algo tan valiente y atrevido que justificadamente ha logrado levantar la más excelsa admiración. Si queremos salvar a nuestro país de la barbarie, lejos de ignorar desdeñosamente los argumentos justicialistas, es preciso refutarlos.

En los primeros asentamientos humanos las amenazas de los grupos vecinos – que atacaban matando y esclavizando a los hombres y apoderándose de las riquezas y mujeres del vencido – generaron el concepto de libertad grupal, basado en la independencia y la seguridad, fortalecido por el concepto de patria y patriotismo.


El concepto de justicia según Platón es “aquello que sirve a los intereses del Estado”.

La invasión, la conquista y el robo al vecino fue hasta hace poco tiempo la única forma de generación de riqueza.

Conforme las sociedades fueron evolucionando y aumentando en número; las relaciones comerciales, de la mano de la división del trabajo, logran pasar de la agresión a la cooperación humana.

El concepto de justicia evoluciona hacia lo que Ulpiano define como “dar a cada uno lo suyo” de la mano de la evolución del concepto de libertad, que pasa a ser individual y se define como la posibilidad de la libre disposición del fruto de nuestro trabajo.

El concepto de propiedad toma fuerza y junto a los nuevos conceptos de justicia y libertad individual, forman el Estado de Derecho y esto logra producir la Revolución Industrial en la escasamente gobernada Inglaterra y sacar a la humanidad de la Edad Media.

Argentina gracias a la Constitución de 1853 logra incorporar estos conceptos y nace así el Milagro Argentino de 1853-1949 un proyecto basado en lo que se podría sintetizar en el total respeto a la libre disposición del fruto de nuestro trabajo es decir a la libertad individual y a la propiedad.

Los pobres y analfabetos llegados desde todo el mundo – fundamentalmente huyendo de la barbarie europea –, tuvieron entonces la posibilidad de ser dueños del fruto de su trabajo y hacerse rápidamente ricos.

Estos nuevos marcos morales – generadores de riqueza – muestran con toda claridad cuales son “los beneficios de la libertad” que anunciaba el preámbulo de la Constitución.

Alberdi logra transformar una sociedad de gobernantes ricos con súbditos pobres, a una sociedad con un gobierno austero y ciudadanos ricos.

“Dios es Argentino” resume el increíble crecimiento que coloca – en muy poco tiempo – a la más pobre de las Colonias Españolas como la 6ª potencia mundial.

Otra generación de argentinos, influenciados por el concepto de libertad e igualdad de la Revolución Francesa, introducen el apasionante concepto de justicia social que parecía ser una nueva evolución del concepto de justicia.

Basados en las experiencias de la Revolución Francesa primero y del Marxismo después Popper nos aclara que “persiguiendo la igualdad lo primero que se pierde es la libertad y que una vez perdida la libertad tampoco es posible la igualdad entre los ya no libres”.


Luego Hayek descubre otra confusión respecto del doble sentido de la igualdad, y nos hace saber que “hay una gran diferencia entre tratar a los hombres con igualdad e intentar hacerlos iguales. Mientras lo primero es la condición de una sociedad libre, lo segundo implica, una nueva forma de esclavitud”

El moderno racionalismo fue envenenado nuestro lenguaje y cuando las palabras pierden significado, -como diaria Confucio- el pueblo pierde su libertad.

El termino que mas contribuyó a la perdida de la libertad individual fue el adjetivo social que logró transformar al sustantivo en su contrario. Así, si Justicia es dar a cada uno lo suyo, Justicia Social significa sacarle a unos el fruto de su trabajó para entregárselo a otros, por esta vía se transforma en el sustento ideológico para la legalización del robo.

Así también si Derecho es el conjunto de normas que protegen la libertad individual y se manifiesta por códigos abstractos que consisten esencialmente de prohibiciones –derecho negativo– que impiden al hombre inmiscuirse en la igualmente protegida esfera de otros; Derechos Sociales es el conjunto de normas que se manifiesta por códigos específicos –leyes- que consisten esencialmente en permisos –derecho positivo- que permite al hombre inmiscuirse en la esfera de otros. Desamparando por esta vía la libertad individual. Llevando al Derecho a una situación inmoral y absurda en la que se encuentra.

Para 1930 el fascinante concepto de Justicia Social – que tan bien funciona en muy pequeñas comunidades – se adueña del corazón de las Universidades Argentinas abriendo paso a lo que Alberdi bautizó como la “Barbarie Ilustrada” y así comienza a desdibujarse el Estado de Derecho.

Los nuevos intelectuales formados en este clima impregnado de buenas intenciones, son verdaderos ignorantes ilustrados – ya que conocen cosas que son muy agradables pero que no son ciertas – y en su rol de legisladores, políticos, jueces y abogados litigantes lograron terminar – en muy poco tiempo – con el Estado de Derecho en la Argentina, comenzando su camino hacia la Barbarie.

Llegamos por ese camino al debilitamiento de la protección a la libertad individual y la intervención estatal logra la consecuente ausencia de limites al poder.

Esta situación abrió paso a la creación del Ministerio de Economía desde donde se pueda y se deba dirigir el mercado. Cada intervención en el mercado significa lesiones a derechos de terceros con lo cual el Ministro de Economista se transformará no solo en un estorbo, sino en un verdadero peligro manifiesto, en la medida en que a cada medida tomada por el burócrata va debilitando el ya degradado Estado de Derecho.

Así la intervención central en el mercado llevaría a la ruina de los sistemas intervencionistas de izquierda y de derecha generando una enorme tensión. Quizá uno de los mas grandes aportes que los economistas han realizado a la humanidad en el Siglo XX sea la demostración fáctica de que en la economía de orden extenso la intervención por parte del estado es contraproducente en cualquier escala.

De estas interesantes, pero confusas ideas, nace el justicialismo, que gobierna el país durante los últimos 70 años, a veces con peronistas.

El robo al prójimo vuelve al centro de la escena; estancamiento primero, pobreza y violencia después, son sus resultados. Ocupamos hoy el 2º lugar mundial, pero ahora en el ranking de países mas corruptos.

Argentina es hoy un apasionante y peligrosísimo exponente de la Edad Media en el Siglo XXI.

Con la Justicia – sustentada sobre el mérito o la necesidad y no sobre la libre disposición del fruto de nuestro trabajo – logramos volver al punto de partida: gobernantes ricos, con un pueblo pobre.

Plaza de Mayo ha sido durante los últimos 70 años, el escenario de un pueblo clamando por justicia.

La Suprema Corte de Justicia cercada – igual que los otros poderes de la Republica – y los niveles de pobreza, injusticia y violencia alcanzados, dan muestra clara de la magnitud del desastre logrado en Argentina, gracias al nuevo concepto de justicia.

Debemos aprender de la tragedia Argentina, que por buenas y nobles que sean nuestras intenciones, si no respetamos el Estado de Derecho – justicia y libertad individual –, produciremos siempre un daño tremendo, sobre todo, a quienes más intentábamos ayudar.




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