14 agosto 2006

MUY AL ESTE ES EL OESTE

Marx tenía razón. El capitalismo evolucionaría hacia una sociedad donde todos tendrían las necesidades básicas satisfechas y luego hacia una sociedad de la abundancia. Estados Unidos es el país que menos se apartó del ideario de la libertad y, por lo tanto, es la mejor demostración de este fenómeno. El capitalismo efectivamente terminó con la propiedad privada abriendo paso a la propiedad plural. La diferencia entre ricos y pobres en las sociedades libres está dada solamente por el tamaño de la cuenta bancaria. Los pobres acceden a los mismos bienes que los ricos en el mismo tiempo y forma.

Hoy los nobles principios del socialismo los encontramos realizados solo en los países más capitalistas. Marx preveía que para que en un país como Rusia se diera el socialismo, este debía estar precedido por una etapa de capitalismo que acumulara capital y elevara la condición de vida de la sociedad en su conjunto.

Los seguidores de Marx tomaron una diagonal. Buscaron terminar con el capitalismo y acortar camino y esto los condujo al sufrimiento, a la violencia, a las matanzas y finalmente a la autodestrucción.

El mejor camino para llegar al socialismo es la ruta del capitalismo liberal.

Este principio está presente en muchos principios de la economía, de la física, de la biología y demás ciencias. Logramos un objetivo persiguiendo su contrario. Llegamos al este por el oeste.

Por ejemplo: las atmósferas estables se consiguen gracias a la presencia de gases inestables –lo que parece una contradicción –. La presencia de oxigeno e hidrógeno –dos gases de alta inestabilidad – produce una atmósfera estable, con temperaturas compatibles con la vida. Es el caso de nuestro planeta que por su estabilidad dio paso a la vida.

Por el contrario la atmósfera que cuentan con gases altamente estables como el dióxido de carbono y el nitrógeno, generan atmósferas altamente inestables que son incompatibles con la vida.

Algo parecido ocurre con muchos de los principios de la economía.

Por ejemplo, las leyes laborales altamente estables producen inestabilidad laboral – precariedad en el trabajo y bajos salarios –. Por el contrario, una gran inseguridad laboral produce alta estabilidad del trabajo – primero ocupación plena y después los mas altos salarios –.

Sin embargo para proteger al trabajo solemos – como nuestro instinto y nuestra razón nos indica –, generar leyes que protejan el trabajo y sindicatos que lo defiendan. En este marco logramos los más altos índices de desocupación y los salarios más bajos. Ejemplo de esto es la Argentina tanto en el primer caso en el pasado como en el segundo caso en el presente.

Una vez más el instinto y la razón nos juegan una mala pasada y nos inducen al error.

Con la crianza de nuestros hijos pasa algo semejante, intentando protegerlos logramos debilitarlos. Nada ni nadie puede impedir que sufran. El sufrimiento, el esfuerzo, la adversidad, son el fermento para hombres sólidos y fuertes. Esta relación es contra intuitiva.

Debemos recordar aquí – como ya vimos – que la civilización es artificial y se desarrolla por arte del hombre, y que para su concreción debemos constreñir los instintos y educarlos. La barbarie por el contrario es natural al hombre y procede de la liberación de sus instintos. El relativismo moral nos induce a la liberación de los instintos, y luego nos extrañamos cuando su resultado es nuestra propia destrucción.

Las políticas intervensionistas no solo son un lastre para la civilización, sino que se comportan como un verdadero “opio de los pueblos”, en la medida que la coacción institucional que le es propia hace que ni siquiera los actores afectados por la misma, sean consientes de todo aquello que dejan de lograr por culpa del intervensionismo estatal.

Esperamos que el futuro del mundo sea la civilización, y que para que esta se exprese debe quedar en claro su carácter contra intuitivo y la necesidad de educar a los hombres en este sentido. Si la educación sigue liberando los instintos nuestro futuro será una vez más la barbarie, y para que esto ocurra la población mundial deberá retroceder de 6000 a 800 millones. ¿Usted de que lado estará? Por eso este tema es crucial. Las democracias – para sobrevivir civilizadamente – se verán compelidas a votar contra intuitivamente, y esto es tan difícil que se hace necesario anteponer a todos los deseos, un código moral que inhiba la natural degradación de las sociedades.

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