15 agosto 2006

MORAL, CONSTITUCIÓN Y RELIGIÓN. El carácter de la moral

"Vivimos en una sociedad civilizada porque hemos llegado a asumir, de forma no deliberada, determinados hábitos heredados de carácter fundamentalmente moral, muchos de los cuales han resultado siempre poco gratos al ser humano – y sobre cuya validez e intrínseca eficiencia nada sabía –". F. A. Hayek, 1990.

La Constitución de un país, es un instrumento de carácter netamente moral. Pero la moral no es fruto del diseño humano, sino más bien, fruto de la observación de las consecuencias no deseadas de la acción humana.

"Las normas morales no son conclusiones que derivan de la razón". D. Hume (Tratado)

El hombre, a lo largo de su evolución, ha actuado impulsado por su instinto y su razón, sin embargo, tanto el instinto como la razón encontraron limitaciones para sortear los problemas de diversa índole planteados.


La observación de las consecuencias de su acción instintiva, fue creando de forma no deliberada, un conjunto de normas morales, tendientes a modificar su conducta para evitar las consecuencias no deseadas de su accionar instintivo.

Las supersticiones, los tabúes y los mitos se formaron mediante la observación de las consecuencias -no deseadas- de la acción humana y sentaron las bases para el asiento de civilizaciones cada vez más complejas.

“la superstición prestó un gran servicio a la humanidad. Proporcionó a la gente un motivo – un mal motivo, es cierto – para la buena acción; y seguramente es mejor para el mundo que los hombres se comporten correctamente aunque obedezcan a falsas motivaciones que, por el contrario, adopten un mal comportamiento inspirado en las mejores intenciones. Lo que afecta a la sociedad es la conducta no la opinión. Siempre que nuestras acciones sean justas y correctas, poco importa a los demás el que nuestras opiniones sean erróneas”. Sir James Frazer Psyche`s Task (1909)

Aristóteles en su Ética a Nicómaco afirma que la felicidad consiste en el hábito de vivir bien y obrar bien, es decir: en la posesión de la virtud; la moral deriva del pensamiento bueno (de la virtud) es lo que debemos hacer – induce al derecho positivo –; sin embargo la moral, es lo que debemos NO hacer – induce al derecho negativo – para evitar consecuencias no deseadas de la acción humana. Una concepción es antagónica a la otra.

La moral heredada o tradición es un complejo cúmulo de experiencias – historias personales – perfeccionadas en el tiempo mediante un proceso evolutivo de corrección y ajuste, se basa en el derecho negativo y nos indica lo que no debemos hacer.

Esta es una tarea tan intensa y difícil que ningún genio humano, por más omnicomprensivo que sea, puede realizarla con la ayuda de la razón o la reflexión. Su campo de trabajo es la experiencia de las consecuencias no deseadas de la acción humana (la historia).

Bajo la influencia de Aristóteles primero y de Descartes después, el moderno racionalismo no solo desecha la moral heredada, sino que no duda en afirmar que la razón esta en condiciones de crear un nuevo orden legal.

Desde fines del siglo XIX y con el advenimiento masivo de las Universidades se popularizo la idea de que la razón nos podría construir un nuevo orden moral superior al heredado, basado en la virtud y en el pensamiento bueno.

Los cismas producidos en el campo de las ciencias duras, el heliocentrismo primero y la física quántica después dieron por tierra con el conocimiento heredado del geocentrismo y de la física de Newton – que hasta allí explicaba todos los fenómenos –.

Esto contribuyó a un aumento de la desconfianza sobre el conocimiento heredado, y fortaleció la idea de que en la razón podríamos encontrar nuevos remedios a viejos problemas.

La moral es la diferencia entre la vida y la muerte.

La moral correcta es la vida, nos lleva al éxito, al progreso y a la convivencia pacifica.

La moral incorrecta es la muerte nos lleva al fracaso, al estancamiento, a la pobreza y finalmente a la violencia de la autodestrucción.

El hombre es libre de elegir una moral agradable o virtuosa – pero incorrecta – pero no es libre de evitar las consecuencias que son su propia destrucción.

George Orwell nos dice “el doble pensamiento significa poder mantener en la mente dos ideas opuestas en forma simultanea y aceptar las dos”. Esto es falta de claridad y la razón de actitudes incoherentes.

Si siendo consiente de esta contradicción, se utiliza uno u otro discurso en su conveniencia de acuerdo a la ocasión, esto es doble discurso. Lo primero es un error, lo segundo es irresponsabilidad intelectual que socava el sentido común y destruye la razón.

Esto es el relativismo moral, una filosofía consistente en la tesis de que todas las tesis son mas o menos igualmente defendibles. Desde el punto de vista intelectual: ¡vale todo!

El relativismo lleva así a la anarquía, a la ilegalidad y a la violencia.

Como veremos mas adelante, el siglo XIX fue un generador de nuevas construcciones morales y estas condujeron a la humanidad en el siglo siguiente a su más grande holocausto con más de 180 millones de muertos.

La Argentina es la demostración de un país que habiendo adoptado una moral correcta (1853), decidió cambiarla para ponerse a la moda intelectual (1949-1994), cambiando su rumbo hacia su propia destrucción.

Y esta es una lección que debemos aprender: ninguna civilización puede tomarse por segura.

Su permanencia nunca puede considerarse inamovible, siempre habrá una era oscura esperando a la vuelta de la esquina.

Las ideas agradables son peligrosas y nos conducen a la muerte, las ideas ciertas suelen no ser agradables pero nos conducen al éxito, son la vida.

Este es el mas grande desafío de la democracia, como es lógico la gente se inclinará siempre por las ideas agradables por sobre las ciertas.

De allí deriva la necesidad de una Constitución Moral y del resguardo de la Republica como instrumento limitador de los naturales desbordes de quien detente el poder.

Links to this post:

Crear un vínculo

<< Home