15 agosto 2006

LA CONSTITUCIÓN: EL ADN DE LA CIVILIZACION

El sistema político de un país se basa en su código moral la Constitución es como su código genético, su ADN.

Los derechos son un concepto moral y la moral es una cuestión de elección.

Los hombres son libres de no elegir la moral generadora de cooperación humana y de riqueza como estándar de su moral y de sus leyes, pero no son libres de escapar del hecho de que la consecuencia es una sociedad caníbal, que sobrevive durante un tiempo devorando a los que trabajan y generan riqueza, y luego colapsa como un cuerpo canceroso, cuando los sanos son devorados por los enfermos.

"Afirmo, igualmente, que si la humanidad se negara a asumir las mencionadas tradiciones, condenaría a la muerte y a la miseria a gran parte de la población actual" Hayek

Los países que tienen las constituciones más agradables y virtuosas – producto de las buenas intenciones de sus intelectuales – son los más pobres del África y los más atrasados de América Latina.

La Constitución es una herramienta que trata de limitar la naturaleza humana, para lograr así los cambios de conducta del bárbaro que llevamos dentro para transformarlo en un ser civilizado. Logra por este camino transformar a la sociedad guerrera, intolerante, violenta y atrasada en una sociedad comercial, tolerante, pacifica y prospera.

Los intelectuales, que como ya vimos, trabajando para el mercado de las ideas obtienen mayor influencia y beneficio de las ideas agradables que de las ideas ciertas, logran imponer constituciones agradables que terminan produciendo el efecto contrario al deseado conduciendo a los países a la barbarie.

Las sucesivas reformas constitucionales lograron cambiar nuestro ADN para terminar con la Argentina pacifica y próspera de nuestros abuelos, y lanzarnos – con las mejores intenciones que conlleva la idea de justicia social – al final de la justicia y a la barbarie que hoy estamos soportando.

La idea de que los "Derechos Sociales" son superiores al "Estado de Derecho" está en nuestra naturaleza, son principios de orden limitado – del pequeño grupo – pero inhiben el desarrollo de sociedades extensas; debemos comprender y aprender de nuestros errores, ya que aquí reside la diferencia entre CIVILIZACIÓN Y BARBARIE.

Como nos advertía M. Moreno – El corifeo de Rousseau – si no ponemos claridad en estos temas "nuevas incertidumbres sucederán a las antiguas y será nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía".

La Democracia sin derechos individuales falla y se transforma en el derecho de la mayoría para oprimir a la minoría. Así pasamos del Estado de Derecho al Estado de Naturaleza que hoy estamos viviendo.

La solución a tan grave problema es mas fácil de lo que se cree, ya que el reestablecimiento de la Constitución de 1853 –o mejor la de EEUU – pondría todo en su lugar nuevamente.

El 70% de las leyes quedaría sin efecto por inconstitucionales (e inmorales) así se reestablecería el Estado de Derecho y reaparecería la Justicia.

La seguridad Jurídica generaría inversiones en los más diversos campos del quehacer humano. Esto traería trabajo para todos, aumentaría la tasa de capitalización y consecuentemente los salarios comenzarían a aumentar.

Así se expanden los beneficios de la libertad que anunciaba el preámbulo de nuestra Constitución.

Todo se acomodaría muy rápidamente, conforme a aquellos valores morales que son los únicos que nos garantizan paz y progreso. Al tener nuevamente marcos limitadores del poder se reconstruiría la República y el Federalismo.

Nuestro problema es moral, ignorar este tema mantiene a la opinión pública desorientada.

Nadie puede hallar una vía de escape para si mismo, si la sociedad se ve arrastrada hacia su destrucción.

A 152 años de aquella verdadera Revolución pacífica – La Constitución de 1853 – es nuestra obligación retomar el camino que deliberadamente abandonamos y volver a reemplazar a la Razón de Estado por el total respeto a los Derechos Individuales.

Hoy Urquiza ya no está, pero Alberdi vive en el corazón de cada argentino. Por consiguiente cada uno, por su propio interés debe participar vigorosamente en la batalla intelectual. Nadie puede permanecer indiferente, del resultado de esa lucha dependen los intereses de todos.

Debemos aprender de la tragedia Argentina que por buenas y nobles que sean nuestras intenciones si no respetamos el Estado de Derecho – justicia, propiedad y libertad individual –, produciremos siempre un daño tremendo sobre todo a los más necesitados.

Los intelectuales al no comprender el carácter espontáneo y complejo de la Moral, del Derecho y de la Constitución – así como también del lenguaje, del mercado y del dinero – intentan dar respuestas a los interrogantes planteados de manera muy simple, utilizando la herramienta que tienen a mano, la razón.

Pero la razón encuentra límites para comprender y aceptar la supremacía del orden espontáneo en situaciones de alta complejidad. Son los mismos límites que a la mente humana le impide comprender con claridad, cuestiones de tiempo y espacio cuando se escapa de una escala limitada.

David Hume decía que todas las ciencias deben comenzar por la ciencia de la mente humana, donde cada hombre es un complejo haz de sentimientos y pasiones encontradas, de virtudes y de defectos, de sabiduría y de torpeza. Estos ingredientes están presentes en mayor o menor grado en cada uno de nosotros.

La propia naturaleza de la mente humana nos impide comprender con claridad el orden espontáneo en situaciones de alta complejidad.

La mente, para justificar los sistemas complejos utilizo – en un proceso evolutivo – primero tabúes, después los mitos y supersticiones y finalmente sistemas religiosos.

La mente humana entiende el orden de acuerdo a arreglos preexistentes simples – por esto la natural tendencia de la mente humana hacia la planificación central –; así como el movimiento presupone la presencia de vida o la presencia de un reloj presupone la presencia de un relojero, la presencia de un orden en la naturaleza nos lleva a presuponer la presencia de una mente superior que generó ese orden.

Por este mismo motivo el orden en una sociedad demanda por parte de la mente humana la presencia de un ordenador, el gobernante.

El gobernante, al no comprender la supremacía de los ordenes espontáneos tiene una natural tendencia a la intervención. Con esto logra desequilibrios que conducen a situaciones de tensión de civilización.

Sus propios errores – inducidos por la propia naturaleza de la mente humana – sumados a la afectación de la mirada de los gobernados, con el tiempo van transformando su naturaleza en Tiránica.

Por lo tanto, - hoy como hace 100.000 años – la principal herramienta de la mente humana, la razón, no es lo suficientemente idónea para la comprensión de la supremacía del orden espontáneo y nos induce a la construcción de ficciones y supersticiones para poder justificar los fenómenos que nos rodean.

Por lo tanto, la razón es como la herramienta martillo: cuando se aplica correctamente sobre un clavo nos da un beneficio, pero cuando es mal utilizada se convierte en un arma que puede llegar a ser mortífera contra el hombre.

Hoy el desarrollo de problemas en distintas especialidades, bajo distintos nombres como, autopoiesis, cibernética, autoorganización, cinegética, teoría de los sistemas, etc., ayuda a la comprensión de la supremacía de los órdenes espontáneos, por sobre el orden planificado –sobre todo en situaciones complejas –.

El único país que en su historia venció al relativismo moral fue los EEUU, mediante el mantenimiento de una Constitución Moral que logró mantener alejada las utópicas ensoñaciones – que finalmente conducen a situaciones autodestructivas – de sus intelectuales.

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