15 agosto 2006

¿ES MORAL EL CAPITALISMO?

La cooperación humana – o capitalismo – se desarrolla en los países donde existe Estado de Derecho y la gente es dueña del fruto de su trabajo.

El capitalismo – o ética de la libertad – ha demostrado en los hechos ser el sistema donde mejor se vive, donde los pobres logran los mejores niveles de vida y donde se alcanzan los más altos niveles de tolerancia y convivencia pacifica. Argentina 1853-1945 fue un claro ejemplo de esto.

El capitalismo da cabida a más y más inmigrantes que llegan de las geografías de la ética de la intervención estatal en busca de un lugar donde poder ser dueños del fruto de su trabajo y dejar de ser esclavos al servicio de la omnipotencia del Estado detrás de una ideología – de izquierda o de derecha – que los somete y destruye. Argentina fue el mejor ejemplo tanto en el pasado – cuando recibía inmigración – como en el presente – donde los argentinos tienen que emigrar para conseguir libertad, es decir un lugar donde ser dueños del fruto de su trabajo –.

El capitalismo es el desarrollo de la humanidad en su más amplia diversidad. El capitalismo fomenta un importante aspecto de la naturaleza humana, la desigualdad.

¿Por qué la desigualdad de los hombres es mejor para el capitalismo?

El amplio orden de cooperación humana es como un árbol frondoso donde cada ramificación es consecuencia de una desigualdad y las hojas que se desarrollan en esas ramas son las empresas que generan trabajo, convocan a trabajadores y detrás de los trabajadores hay familias que se consolidan y niños que crecen sin carencias.

Cuanto más desigual es la sociedad mas ramificaciones tendrá el árbol; más y más ramas sostienen a más y más hojas. La desigualdad aumenta así la capacidad de generar trabajo y contribuye a elevar el nivel de vida de la sociedad en su conjunto.

El emprendedor está a la búsqueda de una nueva ramificación (desigualdad) de la actividad humana para poder satisfacerla y así poder enriquecerse y generar más y más trabajo desarrollando el círculo virtuoso del Capitalismo.

El empresario para enriquecerse en la ética de la libertad debe generar el bien a personas que no conoce – debe satisfacer necesidades de terceros mediante acuerdos libres y voluntarios – y solo cuando hace el bien puede enriquecerse.

En la ética de la libertad el empresario es un benefactor de la humanidad. Y el más rico es el que más bien le ha proporcionado a personas que no conoce satisfaciendo sus necesidades. Podríamos decir entonces que Billy Gates – al ser el más rico empresario – es el más grande benefactor de la humanidad ya que la computadora e Internet están generando un beneficio a la gente que, libre y voluntariamente decide comprar estos productos para mejorar la calidad de vida de los suyos.

En la ética de la libertad el empresario, el creador, es admirado, es un ejemplo para los jóvenes y un estímulo para seguir sus pasos. El empresario está protegido de la natural tendencia del hombre a destruir, por el Estado de Derecho que lo protege de la mayoría que buscará su destrucción – como ya vimos en “la inteligencia: una cualidad individual” –.

En las sociedades de la ética de la libertad se registra la mayor ayuda y solidaridad a las minorías. La Argentina fue un claro ejemplo de esto hasta cambiar su código moral y rumbo político.

Por otro lado, en la ética de la intervención estatal – sea de izquierda o de derecha – mediante el aumento del gasto publico, se logra que el árbol de la economía sea raquítico. La idea de la igualdad de las personas logra un árbol con pocas ramificaciones y con pocas hojas por rama. Esto genera bajos salarios y baja calidad de vida de la sociedad en su conjunto y origina una gran desocupación. Esta situación genera la necesidad del aumento del gasto público para atender a cada vez más desocupados que se quedan sin trabajo. Este es el círculo vicioso del justicialismo.

El empresario, para poder desarrollarse en estas circunstancias, necesita conseguir subsidios y ayuda para lo cual tiene que asociarse al poder político para conseguir privilegios o monopolios que le garanticen su supervivencia.

El empresario en la ética de la intervención estatal – a la vez que es victima del Estado – es un corrupto que se aprovecha de mercados cautivos para poder enriquecerse. Para poder limpiar su conciencia realiza alguna obra “solidaria” que le permita mantener la gracia de sus privilegios.

El empresario se convierte en un ser de segunda clase que no tiene derechos sino solo obligaciones, es el buey que tira del carro y a quien hay que exigir y extorsionar. Los derechos sociales barrieron el Estado de Derecho y esto dejó al empresario a merced de los caprichos y veleidades políticas del momento.

En la ética de la intervención estatal el político burócrata es el exitoso y el admirado, es el que vive del fruto del trabajo ajeno – el ladrón es el vivo – el que vive de los demás, el que recibe todo sin producir nada.

La ilusión de la propiedad – generada en la ética justicialista – logra que el esclavo moderno se deslome trabajando por defender y retener su propiedad del ataque de los burócratas por medio de los impuestos. Logrando la transferencia de recursos del que trabaja al que no trabaja. Mediante este mecanismo se logra que el nuevo esclavo trabaje muchísimo más que el antiguo esclavo, que al no tener propiedad que defender abandonaba su trabajo muchísimo antes.

La ética de la intervención produce ciclos económicos de más o menos 7 años que culminan en un colapso del sistema. Siete años de vacas gordas, siete de vacas flacas y colapso del sistema – mediante transferencia de recursos –.

El sistema justicialista es sumamente perverso para los trabajadores honestos y altamente destructivo para los pobres, a la vez que es un estimulo para la corrupción y el crimen. Esto genera tensión de civilización que culmina con grandes transferencias de recursos primero y matanzas después.

CAPITALISMO = ESTADO DE DERECHO = CIVILIZACIÓN
O

JUSTICIALISMO = DERECHOS SOCIALES = BARBARIE

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