15 agosto 2006

EL EJE DEL MAL

“el mal que existe en el mundo y proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos, y a decir verdad no es esta la cuestión. Solo que ignoran, mas o menos, y a esto se lo llama virtud o vicio, ya que el vicio mas desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar” Albert Camus (1947)

El “Bien Común” de una comunidad, de una raza, de una clase, de un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres.


Los mayores horrores de la historia han sido cometidos en nombre de móviles altruistas.

¿El defecto reside en la hipocresía humana o en la naturaleza del principio?

Los mayores carniceros han sido los más sinceros.

Creían en la sociedad perfecta alcanzada mediante la hoguera, la guillotina o el pelotón de fusilamiento. Nadie cuestiono su derecho a asesinar, porque asesinaban con un propósito patriótico.

Se aceptó que el hombre debe ser esclavizado por otros hombres.

Nadie les cuestionó los altos impuestos porque “roban para la corona” – o patria – o roban para los demás con un propósito altruista.

Cambian los actores, pero el curso de la tragedia se mantiene idéntico: un humanitario que comienza con declaraciones de amor hacia la humanidad y termina con un mar de sangre.

Este fenómeno continúa y continuara mientras los hombres crean que la acción es buena si es altruista o es patriótica.

Eso permite que el patriotismo y el altruismo actúen y obliga a su victima a soportarlo.

Los lideres de los movimientos patrióticos no piden nada para si mismos. Pero miren los resultados.

Aprendemos de la mano de Kant – que había dado la bienvenida a la Revolución Francesa – que pueden cometerse los crímenes más atroces en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad.


Nos enseñó también que el fanatismo – que nace del patriotismo, del altruismo y de la idea de Bien Común – es siempre malo e incompatible con la meta de una sociedad pacífica y pluralista, y que es nuestro deber oponernos a cualquiera de sus formas, aun cuando sus metas sean éticamente inobjetables y mas aun cuando sus metas coincidan con nuestras propias metas personales.

¿Acaso no nos muestra toda la historia de las religiones y revoluciones que la creencia fanática en una idea ética no solo la pervierte, sino que una y otra vez la convierte en su contraria? Popper.

El principal problema de nuestro tiempo.... no se debe a nuestra maldad moral sino por el contrario a nuestro a menudo mal dirigido entusiasmo moral; a nuestra ansiedad por mejorar el mundo en que vivimos. Nuestras guerras son fundamentalmente guerras religiosas; son guerras entre teorías que compiten sobre como establecer un mundo mejor. Y nuestro entusiasmo moral es a menudo mal dirigido, porque no nos damos cuenta que nuestros principios morales que son generalmente muy simples, son generalmente difíciles de aplicar a las complejas situaciones humanas y políticas a las cuales necesariamente debemos aplicarlos” K. Popper. Una visión optimista

Los intelectuales al confiar en sus ideas construyen hermosas y agradables ficciones (Matrix).


El intelectual utópico – sea de izquierda o de derecha – cree que el sistema social perfecto es perfectamente posible, y que solo la ignorancia de algunos, versus el conocimiento perfecto de otros, lo impide. Cree también que conoce plenamente los medios que hacen alcanzable ese sistema social.

Por lo tanto, un mundo bueno, aunque imperfecto, se le hace intolerable. Es coherente: si la perfección social está a la vuelta de la esquina, ¿Por que no acelerar su concreción? Y si algunos, por ignorancia o egoísmo, lo impiden, ¿no es acaso justificable una guerra justa contra ellos? Así Popper ha captado de este modo la lógica y coherencia mortífera del intelectual revolucionario violento.

La Barbarie es siempre ilustrada, debido a la tendencia de la mente humana de hacer simple lo complejo.


El intelectual sale de su condición de Bárbaro, cuando reconoce la complejidad de los problemas y asume sus límites y su ignorancia, esto mejora su tolerancia, aumenta su prudencia y su humildad.

Vuelve por este camino a reconocer que la verdad es objetiva – como Jenofanes (-700) –, la verdad existe, pero nos es imposible reconocerla, solo logramos aproximaciones a ella.

Esto logra sistemas abiertos de conocimiento, de aprendizaje y una búsqueda sin término.

Nos aproximamos por esta vía a la sociedad abierta y en lo individual a la condición de sabio “que sabe, que no sabe”.

Este es el camino al abandono del relativismo moral, del fanatismo y del pragmatismo que impregnan hoy nuestras universidades.

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