15 agosto 2006

ARGENTINA UN GOULAG ULTIMO MODELO

"Unos días sí otros no
estoy sobreviviendo sin un rasguño
por la caridad de quien me detesta...
y el tiempo no para, no para.”

Bersuit

Es muy importante comprender que para la ética de la libertad, Argentina y América Latina constituyen regiones muy poco pobladas y, como vimos, la circunstancia que en mayor medida condiciona la prosperidad – después de la libertad – es el aumento de la población.

Por el contrario, para el funcionamiento de la ética intervensionista, esas dos regiones se encuentran sobre habitadas con más de un tercio de población sobrante. Esto ocasiona tensión de civilización atemperada durante algún tiempo por las migraciones de las zonas con ética intervensionista hacia zonas con ética de la libertad. Si la tensión de civilización continúa las consecuencias no deseadas de estas situaciones derivan en nuevos holocaustos modernos.

En definitiva, cuando la tensión de civilización aumenta desencadena procesos autodestructivos internos o externos generadores de genocidios que reestablecen momentáneamente el equilibrio.

Los mecanismos de exterminio externos es la guerra con algún vecino potenciada en el concepto de patria y patriotismo. Por estas razones sino cambiamos el rumbo rápidamente veremos guerras como Bolivia-Chile por la salida al mar o Venezuela-Colombia por una nueva bravuconada del tirano de turno o Brasil-Argentina por un partido de fútbol. Cualquier excusa se transformará en el disparador para producir un nuevo holocausto.

Como dijera Ayn Rand “una moral que no es practicable se convierte en una excusa para cualquier práctica”.

Los mecanismos de exterminio interno se realizan a través de matanzas.

Los mecanismos de exterminio a lo largo de la historia fueron “humanizándose”, así la guillotina de la Revolución Francesa termino con la errática eficacia del hachazo en la nuca y con las dantescas matanzas al calor de la hoguera de la Santa Inquisición, que quemaba cuerpos vivos con la intención genuinamente bondadosa de salvar sus almas del fuego eterno del infierno.

Tanto los campos de exterminio del socialismo soviético – los Goulags – como los campos de concentración del Nacional Socialismo, fueron otro importante paso en la humanización del exterminio. Allí se esclavizaba al hombre y se lo sometía a una depresión alimentaría que conducía a una depresión hormonal, que a su vez llevaba a una depresión psicológica, que culminaba con la etapa llamada por ellos del “musulmán” – abandonado a la voluntad de Dios –. Mediante este proceso se lograba minar la voluntad del hombre que decidía no luchar más por su supervivencia y “entregarse a la gloriosa salida que conduce a la libertad de la tumba”. El hombre llegado a este punto deseaba no seguir luchando y las cámaras de gas eran un acto de caridad de quien los detestaba, para que aquellos que habían decidido morir lograran concretar su deseo y dejaran de sufrir. En definitiva: “los ayudaban a morir”.

Cuando el hombre libre trabaja es dueño del fruto de su trabajo y este se acumula en capital (dinero o propiedades). Por lo tanto capital y propiedad son los frutos del trabajo de los hombres libres.

El justicialismo bajo la consigna “combatir al capital” debilito los derechos de propiedad primero, transformando luego al aumentar el gasto publico, al hombre libre de la Argentina en un esclavo al servicio de la patria justicialista. Su impacto sobre el trabajo fue abrumador.

El trabajo da sentido a la vida. El argentino esclavizado, después de un tiempo y entre mil incertidumbres, descubre que su vida no tiene sentido, se abandona y decide no seguir luchando. Se entrega para sobrevivir de la ayuda de quien lo condena – la ética justicialista –. Pasan a sobrevivir de la caridad de quien los condena y detesta.

Este mecanismo – que afecta a todas las clases sociales – es más perverso que el empleado en los Goulags socialistas ya que a los “musulmanes” que produce el sistema justicialista se los asiste y se los ayuda para no terminar con su sufrimiento.

Así solo la última crisis del 2001 produjo mas de 20.000 muertes por infarto y el suicidio aumentó más de 10 veces respecto de la década pasada y sostengo que si no fuera por la droga – que disminuye la tensión de la crisis – los números del moderno holocausto justicialista serian mucho mayores.
Cuando la historia de la humanización del exterminio se escriba, los líderes del justicialismo argentino tendrán un lugar de privilegio junto a Robespierre, Stalin y Hitler por sus aportes a la humanización de la aniquilación de su gente.

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